Foto: Alvesgaspar / Wikimedia Commons (CC BY-SA 4.0)
Mármol que parece carne
El instante fijado en el mármol
Gian Lorenzo Bernini (1598–1680), el gran director de escena del Barroco romano, talló este grupo en mármol entre 1647 y 1652. Representa la Transverberación de Santa Teresa de Ávila: la mística española, al describir sus propias visiones, cuenta de un ángel que le atraviesa repetidamente el corazón con un dardo dorado, en un dolor tan intenso que se vuelve gozo. Bernini detiene precisamente ese instante.
La santa se hunde hacia atrás sobre una nube, el rostro ladeado, los labios entreabiertos, un pie descalzo colgando en el vacío. Sobre ella, el ángel sonríe y alza la flecha. El milagro está todo en la materia: el mármol se hace tela, piel, cabello, aire. Los pliegues de su hábito parecen estremecerse, como sacudidos por un viento interior. Es escultura, y sin embargo es casi pintura, y casi teatro.
Tras el grupo, rayos dorados descienden desde lo alto. Una ventana oculta, situada sobre la capilla e invisible para quien mira, deja caer luz real sobre el mármol: en los días propicios, la santa parece resplandecer desde dentro. Es el golpe de genio de Bernini: hacer que la luz natural actúe como si formara parte de la obra.